Por Ara Ferrero.

Apuntes sobre representación y visibilidad en torno a dos nuevas series españolas: Elite y SKAM.

Entre las novedades que nos trae 2020 tendremos dos personajes musulmanes que repiten (tripiten, en realidad) en sus series. Ambas son mujeres, adolescentes y protagonistas de historias corales. Una es Nadia, de Elite (una producción original de Carlos Montero y Darío Madrona para Netflix). La otra es Amira, de SKAM España (la versión nacional de una serie noruega, adaptada por Estíbaliz Burgaleta para Movistar+). Resulta que este final de verano me vi en paralelo Élite y SKAM. Casi un episodio al día, a pares. Primero uno y luego el otro. Empezaba siempre por el episodio de Élite, vaya usted a saber por qué; y mira que una ha visto retratos de musulmanes en pantalla y creía tener el callo preparado… pero no daba crédito. Era como Harry, el mosquito aquel de la película Bichos que no puede evitar ir hacia la luz de la lámpara asesina.

Claro, que al rato me encontraba con Amira y se me pasaba. Cuando las comparo tengo la impresión de que Nadia llega tarde. Los problemas de Nadia (porque todo son problemas) son los de las primeras chicas musulmanas que conocí, hace diez o doce años. Y además Nadia los tiene todos.

Sin embargo, las jóvenes musulmanas con las que trato ahora se parecen mucho más a Ami que a Nadia. ¡Claro que tendrán conflictos con sus familias! Pero sus vidas no giran en torno a ellos, y eso que toda adolescencia es conflicto.

Nadia: elegida entre todas las mujeres

Cuando, como guionista, te toca aproximarte a una minoría, tienes dos caminos: la primera parada es elegir si quieres construir un personaje o desarrollar un discurso. Nadia es un ejemplo de lo segundo: todo lo que le pasa en la serie sirve para lanzar un mensaje. Amira, por el contrario, sigue el primer camino. Es una adolescente, musulmana, sí, creyente y practicante. Pero es mucho más: su condición de musulmana interviene como su condición femenina, o como sus relaciones con sus iguales. Es una entidad compleja, no un vehículo.

¿Qué sucede a partir de aquí? Pues que lo que le pasa a Ami le pasa a Ami. Pero lo que le pasa a Nadia nos pasa a todas nosotras. Nadia es Las Mujeres Musulmanas ©. Es un discurso convertido en personaje. En la serie hay otra mujer musulmana, su propia madre. Una mujer que apenas tiene una línea de diálogo en dos temporadas. Ni siquiera por oposición.

No deja de ser curioso que en el colegio exclusivo donde acuden los hijos e hijas de los millonarios y diplomáticos no haya ni un moro cuando Nadia, Cristian y Samuel aparecen por allí. Pero así es la cosa cuando eres La Chica Musulmana ©.

Mientras que en las dos temporadas de SKAM sabemos muy poco de la familia de Amira, la familia de Nadia tiene su propio escenario en Élite: la tienda de alimentación, la habitación de Nadia, el comedor… Sabemos que son de origen palestino porque así lo indican expresamente, pero bien podrían ser de Marruecos, Libia, Egipto o Alpedrete, de no ser por el marcadísimo acento del padre. Les vemos comer, trabajar, les oímos hablar mucho. La familia tiene mogollón de escenas, más que otras de la serie.

Bueno. Oímos al padre. La madre es un personaje que está. No sabemos ni su nombre. No interviene en los conflictos, porque TODO en la familia de Nadia es conflicto. No emite opiniones, ni siquiera en privado. Tiene dos escenas A SOLAS con el padre ¡y tampoco habla!

En el caso de SKAM, nos encontramos ante una serie que apuesta, decididamente, por el punto de vista de las cinco protagonistas. De modo que sus familias se encuentran en un plano muy secundario, también la de Amira. Sabemos que al menos su padre o su madre es de origen marroquí, porque pasa allí las Navidades:

– ¿Hace mucho calor?

– A ver tías, que aquí también es invierno.

Este es uno de los grandes aciertos de la serie de Estíbaliz Burgaleta. Construir a la familia de Amira a través del punto de vista del resto de padres. Fíjate, LE HAN PUESTO el pañuelo, murmura la madre de Cris. Seguro que en cuanto acabéis el Bachillerato la casan.

Esta mirada sobre el otro es real. Nos sucede incluso a los musulmanes españoles: no somos inmunes a los prejuicios, y algunos de nosotros conocemos situaciones más o menos chungas de primera mano. Lo que piensa la madre de Cris lo puede aventurar el espectador.

La diferencia es que la vida de Nadia es exposición al 100%. Todo en Nadia es mensaje. Todo en Nadia es conflicto. Todo en Nadia, en definitiva, es un tropo. La Mujer Musulmana ©, siempre pez fuera del agua si no está en el ámbito doméstico de la tienda de alimentación.

Amira: a casa antes del botellón

Amira y Nadia tienen la misma edad, 16 años. Como muchas de las chavalas musulmanas (y no musulmanas) que conozco, tiene que pelearse la hora de llegada, las salidas y entradas y las excursiones. Ir con sus amigas a un pueblo de Guadalajara un fin de semana le ha llevado “horas y horas de negociación”, y no sé si sus padres se han enterado de que le pegó un puñetazo al mozo que trató de quitarle el hijab.

Amira se sabe diferente. Lleva mal salir de botellón «porque acabo siempre haciendo de madre» y se va pronto a casa. Amira es una chica más, como sus amigas Cris, Viri, Eva y Nora son chicas normales, cada una con sus conflictos y desafíos. No tiene Amira con su hijab una vida más dura, en este momento de la serie, que Viri o su mejor amiga, Cris. SKAM no huye del conflicto, pero lo que le sucede a Amira le sucede a Amira, no a Las Chicas Musulmanas©.

El hijab

A muchas musulmanas nos molesta la reducción del islam al hijab, pero no a mí en este caso. Estamos hablando de narración visual: el hijab presenta, narra. Cuando yo he presentado personajes femeninos musulmanes también he elegido el hijab como vehículo para narrar cosas. Ahora bien, ¿qué narra el hijab de Nadia?

En el primer capítulo de la serie, la propia Nadia nos dice dos cosas: que si llevas hijab lo tienes más difícil (lo cual es, desgraciadamente, cierto, pero no se vuelve a tocar); y  que nadie la obliga a llevarlo. Menos mal porque su padre, sus profesores y Guzmán están obsesionados con el tema.

La actriz Mina El Hammani en diferentes momentos de la serie Élite_ Fuente Verne: «Hablamos con mujeres jóvenes y musulmanas sobre el personaje de Nadia en ‘Élite’«

¿Qué es lo primero que le hacen a Nadia nada más llegar al colegio? Hacerle quitarse el hijab. ¿Qué es lo primero que hace el padre de Nadia cuando un niñato desconocido SE LES METE EN CASA a la hora de la cena? Le exige ponerse el hijab. Y se lo dice a Nadia porque, por algún motivo, la madre no se lo quita dentro de casa. ¿Cuándo se nos pone guapa Nadia en la segunda temporada? El día que se libera yendo a una discoteca. Y para dejarnos claro que se libera nos lo narran con Nadia peinada, maquillada y sin hijab.

No es punible que Nadia se arregle como sus amigas y se quite el hijab. Todo ese episodio va de lo que Nadia es capaz de hacer para ponerse a la altura de sus iguales (de los dos cubatas hablamos luego). Lo inquietante es cada vez que lleva hijab va FEÍSIMA. Ni un estilismo. Cero. Como si el hijab fuera, efectivamente, todo lo que siempre nos dicen de él. Como si solo hubiera un hijab, negro, negrísimo, que nos cubre a todas las mujeres musulmanas como mancha de chapapote.

Pero no sucede así en el hijab de Amira. De entrada es muy de agradecer que hayan apostado por una actriz que es muhajaba full-time, Hajar Brown. Esto influye en varias cosas: no vas a tener escenas de Ami en la intimidad, o van a ser muy escasas, o le vas a tener que poner una peluca encima (se ha hecho en otros países). Te tienes que comprometer con la actriz y con el personaje.

Por otro lado, eso enriquece mucho: el hijab de Ami es real, es parte de su personalidad. Hasta el punto de que se lo adapta al disfraz de Satanasa en el fiestón de Halloween. Que no os choque porque sólo hay que darse una vuelta por Tumblr para conocer a cientos de cosplayers con hijab. Hay hasta Jokers:

Fuente: «The Rise Of Hijabi Cosplay» – Islam and Science Fiction

Para Ami el hijab es un recordatorio diario de la islamofobia que sí aparece en SKAM sin paliativos. No es que Nadia no la sufra: es que todo el DRAMA de su familia la desplaza. Para Ami no es así. Y (otro acierto) la islamofobia se muestra como es: puyita va puyita viene. Toda esta escena, con la madre de Cris saliendo de la cocina con tal de no tener que hablarse con Amira, es ORO. La islamofobia es esto, esta es la más peligrosa porque no la veis.

Lo cual nos lleva a concluir, con tristeza, que si tienes un personaje musulmán, más una chavala joven, en una serie donde se da gran valor a la imagen; y no te curras sus estilismos, también es islamofobia. Por esto es aún más importante Amira.

La fiesta

Si tienes 16, 17 años, salir es algo capital en tu vida. Si eres chica, eso supone problemas. Si eres musulmana y racializada, más todavía. A partir de aquí, ¿qué quieres contar a través de la Fiesta?

En Élite viven en una fiesta permanente. Es el código de la serie: nada que objetar. Y las fiestas son por todo lo alto: fiestas con esmoquin, coches de lujo y camareros. Todo es a lo grande. El desfase, las drogas, el sexo… Me sorprende que uno de los actores dijera que el objeto de la serie era mostrar por qué se drogan los personajes, porque para mí está bastante claro que los chicos de Élite (y sus padres) se drogan, fundamentalmente, porque se lo pueden permitir.

Nadia aterriza en su primera fiesta como invitada (interés romántico) de Guzmán. Pero Nadia no encaja ni en esa fiesta ni en ninguna otra. Nadia nunca ha bebido, nos expresan para explicarnos que nunca ha vivido. En la primera temporada es INCAPAZ de darse cuenta de que un ponche tiene alcohol (y no sé cuántas cosas más). Pero lo desconcertante es que nadie a su alrededor se da cuenta de que está drogada.

Ya en la segunda temporada Nadia se suelta la melena (literalmente). No le supone ningún conflicto personal, no le cabe ninguna duda ni cuestionamiento. Nos demuestra que es perfectamente capaz de ponerse al nivel de las otras chicas y sobre todo se dispone a LUCHAR POR SU HOMBRE… para lo cual se mete dos cubatas entre pecho y espalda. A mí me resulta legítimo contar la historia de una chica que es hija de musulmanes y que no quiere vivir como musulmana. O una chica que quiere encajar como sea y ello le supone un conflicto entre fe-identidad y vida social. Pero Élite no plantea ninguna de las dos cosas. También es muy comprensible que Nadia entre en la discoteca y se calce dos pelotazos, porque yo para follarme a un tipejo como Guzmán necesitaría más de dos cubatas.

Amira, en SKAM, sí sale de fiesta. De hecho la conocemos organizando la fiesta de fin de curso con sus amigas, para lo cual se recorren todos los bares de España, las pobres. Sale con su pandilla y en más de una ocasión se aburre a morir porque es la única que no bebe. Con todo, socializa y hasta va a algún bote cuando la ocasión lo merece. En este sentido, Ami tiene las cosas muy claras (de la fe también voy a hablar, esto va a ser larguito). No obstante, lo mejor que tiene SKAM es que su identidad es respetada. No solo no esperan que beba, sino que siempre hay preparada bebida sin alcohol para ella.

Y esto puede parecer una chorrada, pero… Yo me reconocí musulmana con 32 años. Tengo 45 y me relaciono supuestamente con adultos. Bueno, pues son decenas las ocasiones en las que he tenido que discutir con invitados que se traían alcohol a mi casa. La pandilla de SKAM, con sus planes de tarde Amira-friendly y sus latas de cocacola, se mean en mis conocidos.

El Sexo

 Ay la virgen bendita. Nadia y Guzmán, esa TRAGEDIA. Su cortejo empieza con Guzmán regalándole un hijab de color rosa. Digo “mira qué bien, al pijazo del colegio le ha despertado la curiosidad el amor”.

Pues no. Lo del hijab rosa se queda ahí y Guzmán no se molesta un pimiento en entender de qué va la vaina de Nadia o de su familia. Lo cual tiene su lógica porque al fin y al cabo Guzmán es un sociópata que, detalle al margen, ha estado a punto de matar a un chico a palos. Y ahí empieza una relación en la que la única frontera, el mayor obstáculo, lo más chungo, es que Nadia es mora. Sí Baba, no Baba. La diferencia de clases (ejemplificada en varias escenas que se quedan en un esbozo) pesa mucho menos.

Tampoco es un obstáculo que Guzmán sea de lejos un tipo tóxico hasta los huesos. Un niño rico acostumbrado a tener todo lo que puede comprar, con nula tolerancia a la frustración, que no pestañea en meterse en casa de Nadia a la hora de cenar para convencer a sus padres de que es una perita en dulce para la chavala. ¡Qué pedazo de partido, Nadia! Y de ahí para arriba: apalear hasta el coma al novio de su hermana, organizar un comando para ello, estar convencido de su total impunidad… Masculinidad tóxica en su mayor expresión. Así que vamos a liberar a Nadia de la opresión, ¿verdad? Nadia se quita el hijab, se bebe dos cubatas, se quita la virginidad y se libera de su pesadísimo Baba para convertirse en LA MADRE DE GUZMÁN. Porque es tal cual lo que pasa, en esta gran historia de amor prohibido: Nadia se encarga de secarle los mocos a Guzmán. Es su anclaje con el mundo real, la figura madura, sensata y cariñosa. La madre sustitutiva de la que está en el casoplón dándole a la pitroska con ansiolíticos.

En el caso de Amira, de momento SKAM no abre el melón. No lo abre aquí, que la homónima noruega abrió melón e hizo sorbete para todos. Porque el asunto de echarnos novio, para las musulmanas, tiene su aquél. Resumidamente, es mucho más complicado para una musulmana casarse con un no musulmán que viceversa. Nuestro Derecho Canónico tradicional considera que nuestros derechos (a la herencia familiar, a nuestro propio patrimonio) se verían vulnerados en comparación. La cuestión es que, conforme avanza la legislación secular y que cada vez somos más las musulmanas occidentales, las parejas mixtas son un hecho.

Otro obstáculo (narrativo, al menos) para Amira es que solemos ver las relaciones de una manera definitiva. No buscamos citas, buscamos directamente una pareja para casarnos… Cosa que va cambiando un poco también. Todo esto tiene que estar muy bien tejido para ser creíble. De modo que no sabemos si de momento a Ami le mola alguien, pero por lo pronto ella no está en eso. Como Amira es un personaje, no un discurso, es una solución válida. No está ahí para dar todas las respuestas.

Homofobia

Hay musulmanes que se rebotan con esto. No les falta razón: ¿qué pasa, que somos la única comunidad con homófobos? En cualquier caso yo estoy muy a tope, porque no por no ser los únicos vamos a seguir pasando de lado sobre algo que hace sufrir a tantos hermanos y hermanas, y que necesitan una respuesta inequívoca por nuestra parte. Que me parece estupendo que la homofobia en las comunidades musulmanas se plantee como tema. Pero ¿de qué manera lo afrontamos?

Es muy curioso que cuando Omar, el hermano de Nadia, sale del armario, directamente se disfraza del Dr. Franknfurther y se pone a beber cerveza. El conflicto lo tiene exclusivamente con Baba, que directamente LE QUIERE CASAR. La madre continúa en su línea: un mueble con hijab. Tan es así que cuando Baba echa de menos a su hijo mayor, le envía su abrigo. No lo hace la madre, la encargada de lo doméstico, no. Lo hace el padre. Y Nadia, la pobre, está tan ocupada cuidando a Guzmán que no tiene tiempo para hablar del asunto con su familia.

Padre de Nadia en la serie ELITE.

Lo indignante de todo esto es que Baba es homófobo igual que es machista: PORQUE SÍ. Es moro. Tiene que ser homófobo. Tiene que ser machista. Es lo que somos, ¿no? En Elite han decidido decirnos expresamente que la familia de Nadia y Omar es palestina. Baba podría estar legítimamente asustado porque su hijo corra peligro a manos de un fanático. O porque se utilice como chantaje para la familia que les queda en Palestina. Podría tener argumentos, o podría ser un carcamal enloquecido. En realidad es homófobo y chispún.

Pero es que para Omar tampoco hay conflicto personal. No tiene ni un pensamiento sobre su identidad. A Nadia le pasa un poco lo mismo: viven para el exterior. Y esta es la diferencia fundamental con SKAM: la fe.

La fe

Nadia es musulmana porque sí. Porque lleva hijab y porque es árabe. Amira en SKAM es musulmana porque vive y se expresa como una chica musulmana: no la hemos visto haciendo salat, pero sí ayunando en Ramadán. La hemos visto respetar la halal.

Y la hemos visto explicar su religión y cómo la vive día a día. De modo que cuando Cris le confiesa que se ha enamorado de otra chica (y que teme perder su amistad), Amira le responde: – El Islam me enseña a no juzgar a las personas por lo que son:

Esa escena no tendría ninguna credibilidad de no haber sido porque SABEMOS que Amira dice la verdad. La hemos visto defender su identidad musulmana, sabemos que es muy creyente, de modo que la creemos. Y además la queremos mucho, muchísimo, y guapa, y reina. La segunda temporada de SKAM termina a la vez que el Ramadán, y la pandilla le prepara a Amira un iftar precioso precioso en la azotea de Cris. Y todo es muy bonito porque les hemos visto caminar juntas, quererse y respetarse. Porque no están ahí para darnos un discurso. Y ya está. Nada, que al final lo único que no me gusta de SKAM es no haberla escrito yo, y que estoy disponible para escribiros personajes musulmanes que no parezcan sacados de OKDiario y que sean casi casi tan majos como Amira.