Por Salima Abdeslam

El uso del arte como reivindicación social es tan antiguo como el arte mismo. Se han usado en infinidad de ocasiones diversas formas de arte para denunciar regímenes totalitarios, corrupción o intolerancia.

«El mundo globalizado de hoy y el creciente aumento de la islamofobia han contribuido a que numerosos artistas usen sus creaciones para luchar contra los prejuicios hacia lo “islámico” y, en este sentido, las mujeres tienen un protagonismo absoluto».

Salima Abdeslam

No hay que investigar mucho para darse cuenta de que existe un movimiento de protesta global, cada vez más numeroso, que lucha contra la islamofobia. La razón fundamental de esto es que existe una islamofobia creciente que necesita de un movimiento enfrente que lo anule. Dentro de la cultura llamémosle “clásica” en los lugares del mundo donde ha habido una mayor presencia musulmana hasta hace 100 años, los movimientos de protesta han sido muy diferentes. Si bien el arte ha sido usado en esta parte del mundo como una forma de expresar adoración, con el uso de la caligrafía como arte mayor, no se puede decir que haya habido un movimiento artístico de protesta como en el mal llamado “occidente”.

Pero el mundo globalizado de hoy y el creciente aumento de la islamofobia han contribuido a que numerosos artistas usen sus creaciones para luchar contra los prejuicios hacia lo “islámico” y, en este sentido, las mujeres tienen un protagonismo absoluto.

Claro que, en este mundo del movimiento de protesta artístico que produce, además, pingües beneficios a las empresas que lo impulsan (pagando a artistas para que sigan produciendo sus obras y distribuyéndolas a escala global), el islam aún no tiene cabida. Me explico, desgraciadamente, el movimiento de protesta contra la intolerancia hacia los musulmanes, de momento, sólo interesa, a gran escala, a los musulmanes que viven junto a no musulmanes y que sufren este rechazo. Además, la islamofobia está bastante institucionalizada por lo que, una tira satírica que defiende el uso voluntario del hiyab como opción personal de las mujeres en el ejercicio de su libertad individual, se puede encontrar (y se encuentra) con un movimiento que se enfrenta frontalmente a él, que pretende “defender” la libertad de las mujeres prohibiéndoles el uso de un “símbolo” de opresión. Las empresas que deben servir de lanzadera para estas artistas terminan por eliminar de sus producciones aquellas expresiones polémicas que pueden meterles en problemas innecesarios.

Claro que las empresas que se dedican a la edición de este tipo de expresiones artísticas viven de la polémica, pero de aquella que ofende a unos pocos y que gana interés en las masas concienciadas. Por ejemplo, una tira satírica que se mete con los que no reciclan será de éxito porque hay mucha gente concienciada, nadie se siente identificado personalmente, y, a fin de cuentas, todos estamos de acuerdo en que el reciclaje es bueno para el planeta.

«Por tanto, la falta de mercado de consumo, la existencia de un gran número de personas a los que no les afecta y la realidad de otro grupo de personas que siente la necesidad de ponerse en contra para justificarse, hacen de este tipo de arte reivindicativo un producto difícil de distribuir».

Salima Abdeslam

Pero con el islam es un poco más complicado. Verán, como hemos dicho antes, el amplio porcentaje del mercado de este tipo de movimiento de protesta son musulmanes que viven junto a no musulmanes y que sufren, en mayor o menor medida, este tipo de islamofobia. Pero este es un número muy pequeño para mantener a una empresa que necesita producir en masa para obtener beneficios. Además, se une otro problema, existe un tanto por ciento elevado de personas a las que no les gusta que se les llame “islamófobos” y que se sienten identificados personalmente cuando son expuestos a este arte.

Tomemos el ejemplo de Huda Fahmi, afincada en Houston y creadora de tiras cómicas satíricas con ejemplos de su vida diaria. Su famoso “Si, tengo calor con esto puesto” (que en realidad es un juego de palabras en inglés que también puede traducirse como “Si, se me ve divina con esto puesto”) se basa en una realidad diaria; el elevado número de personas que le han preguntado si es que no tiene calor con eso puesto en la cabeza. Para que ustedes entiendan el concepto, vivir en Houston es vivir 6 meses al año con temperaturas de 40 grados de media, así que Fahmi se ha encontrado con esta pregunta unas cuantas veces. El problema radica en que hay muchísima gente que ha hecho esta pregunta alguna vez y no siente que, al hacerla, haya mostrado una islamofobia escondida. Por eso, cuando lee la tira cómica de Fahmi, siente la necesidad de justificar su pregunta. El problema es que debe de hacerlo de manera que no suene como a una excusa, es decir, debe parecer que lo hace para “defender” a las millones de mujeres que sienten calor y no pueden quitarse el pañuelo porque las obligan sus maridos o padres. Esto le da un aspecto de “reivindicación feminista” con la que se sienten muy cómodas y les ayuda a librarse de esa feísima etiqueta islamófoba. A este tipo de personas, que son islamófobas pero que sienten vergüenza de serlo y se escudan en un paternalismo fabricado para esconder sus vergüenzas yo las llamo ISLAMO-BOBAS. Y son las más peligrosas, porque al islamófobo lo puedes definir como un intolerante, es, ante la sociedad, una persona que no respeta a las personas de otras religiones, culturas, etnias o realidades lingüísticas. Todos sabemos que existen, pero, Alhamdulillah, no son muchos y están perfectamente identificados.

Fuente: blog de Huda
Yes, I´m Hot in This

Ellos se sienten orgullosos de quiénes y cómo son, y lo dicen abiertamente, como los de VOX. Pero los Islamo-Bobos son gente que puede perfectamente identificarse como de izquierda, gente progresista y absolutamente tolerante y respetuosa con todo. Gente preocupada por el medio ambiente, por los pobres, por los enfermos de cáncer, que promulgan la sanidad pública, los derechos de los inmigrantes… vamos, lo que es un progre de toda la vida, pero que cuando se pone delante de un hiyab se le cruzan los cables y eso entra en conflicto con quien ha decidido ser ante la sociedad. Por eso recurre a ese paternalismo artificial que le justifica.

También, como es obvio, están las personas que no conviven con musulmanes y a los que el tema ni les va ni les viene. Es como si yo hiciera una tira cómica satírica sobre cómo se está tratando a los aborígenes australianos en algunas capitales de Oceanía y la quisiera vender en Dinamarca.

Por tanto, la falta de mercado de consumo, la existencia de un gran número de personas a los que no les afecta y la realidad de otro grupo de personas que siente la necesidad de ponerse en contra para justificarse, hacen de este tipo de arte reivindicativo un producto difícil de distribuir.

Alhamdulillah hoy en día existen las redes sociales cuyo carácter democrático ha hecho que numerosas artistas (porque sobretodo son mujeres) hayan podido distribuir sus obras y llegar a todo el mundo. Ya hemos puesto el ejemplo de Huda Fahmi, con más de 170,000 seguidores en Instagram, pero también están Areeba Siddique que desde Pakistán lanza sus obras a través de Youtube. No podemos olvidar las caricaturas de la londinense Nasima Ahmed, que distribuye su arte a través de Facebook y un blog personal con gran éxito. Aqsa Naveed, es otra artista musulmana estadounidense, que ha expuesto en varias galerías de arte de todo el país, gracias a la repercusión que ha tenido en las redes sociales.


Canal de YouTube de Areeba Siddique