Por Carmen del Río

“¿Me está diciendo usted que se dice feminista y que por ese motivo decide creer lo que digan los varones y no creer lo que digamos las mujeres y que usted se niega a reconocernos a nosotras cualquier conocimiento u objetividad si decimos algo contrario a lo que dicen los varones y, todo ello, sin que usted se haya tomado la más mínima molestia en comprobar nada?”

Esto que se retrata en esta pregunta retórica es algo con lo que se tropiezan las mujeres (o varones) feministas islámicas continuamente. Se nos dice que somos o mentirosas o tontas porque decimos cosas buenas y feministas del honrado Alcorán y que, según esas o esos machistas islamófobos que nos hablan, esas cosas que decimos son mentira. Para tratarnos de tontas o mentirosas se acogen a la opinión de varones generalmente sin demasiado entendimiento y sin cultura que confunden sus propias concepciones de índole local y cultural con la palabra de Dios plasmada y registrada en un libro (Alcorán) asimismo perfectamente comprobable y reconocible.

«Esas o esos machistas islamófobos, aunque sean de origen árabe, no suelen ni siquiera tener un conocimiento mínimo y gramatical de esa lengua.»

Carmen del Río

Para tratarnos de tontas o mentirosas, esas o esos apóstoles del machismo islamófobo no reparan en decir majaderías de saldo y al por mayor sobre el tal libro sin haberlo leído nunca o habiendo leído algo de él por encima y en traducciones machistas dictadas por la tradición presuntamente erudita pero siempre varonil, opiniones en general para el consumo de gente sin exigencias ni inquietudes. Esas o esos machistas islamófobos, aunque sean de origen árabe, no suelen ni siquiera tener un conocimiento mínimo y gramatical de esa lengua.

Eso no impide que las mujeres musulmanas con cierto nivel de conocimiento o inquietudes nos tropezamos con esa soberbia tan propia de la ignorancia. Da igual cuánto sea nuestro conocimiento del árabe coránico, nuestras comprobaciones textuales con el Libro, nuestra fundada y detallada argumentación; da igual todo el caudal incluso erudito que se aporte, siempre esas o esos machistas islamófobos pretenderán callarnos soltándonos toda ese blablablá seudo cultural de bajísimo nivel de donde ellos extraen sus supremos conocimientos.

«Al compartir la misma opinión y la misma pasión anti femenina y anti islámica con ese sector culturalista rancio del islam que se adhiere a una imagen del islam como un corralito machista, esos machistas islamófobos lo que hacen, de hecho, es apoyar firmemente a ese “islam” que les conviene, ese imaginario del islam que sostiene sus intereses y prejuicios islamófobos y machistas, un islam caricaturesco, monolítico y sin historia.»

Carmen del Río

Naturalmente, esas o esos machistas islamófobos, en esta guerra contra las musulmanas, contra la mujeres en general y contra el conocimiento, tienen un aliado, que tal vez no sea poderoso de por sí pero que, al verse apoyado y encumbrado por ese machismo islamófobo, a su vez sostenido por el aparato general de la “guerra contra el terror”, comparte y se crece con todo el poder puesto a disposición de esa guerra. Al compartir la misma opinión y la misma pasión anti femenina y anti islámica con ese sector culturalista rancio del islam que se adhiere a una imagen del islam como un corralito machista, esos machistas islamófobos lo que hacen, de hecho, es apoyar firmemente a ese “islam” que les conviene, ese imaginario del islam que sostiene sus intereses y prejuicios islamófobos y machistas, un islam caricaturesco, monolítico y sin historia.

Esta confluencia del “islam” oscurantista y del machismo islamófobo llevan el agua precisamente al mismo molino del que se aprovechan ambos por igual, a saber, que la fe islámica es lo que ellos (jamás ellas) digan y que las mujeres que defienden el islam son malas y traidoras, puesto que ven en esa fe islámica algo bueno y eso es lo que no puede ser. Si el islam puede ser bueno de alguna manera, ellas no juegan y lloran porque se les están haciendo trampas.

«Es decir, esos dos extremos rivales o enemigos son los dos brazos de una pinza entre los que pillar a la víctima, es decir, a nosotras, a las musulmanas creyentes, a los musulmanes sinceros y a toda la gente de buena fe en general.»

Carmen del Río

Está claro que para esas o esos lloricas fanáticos ni la razón ni el conocimiento tocan ningún pito en esta cuestión.

Esta composición de lugar en la que se nos incrusta a las musulmanas y a los musulmanes, queramos o no, es la clásica maniobra de pinza en la que los presuntos extremos, enemigos a muerte, al parecer, se combinan y colaboran para aplastar a los que pillan entre ambos brazos o extremos. Es decir, esos dos extremos rivales o enemigos son los dos brazos de una pinza entre los que pillar a la víctima, es decir, a nosotras, a las musulmanas creyentes, a los musulmanes sinceros y a toda la gente de buena fe en general.

Ante eso ¿qué les cabe hacer a las musulmanas y a los musulmanes feministas? Creemos que es muy sencillo: ni caso. El machismo islamófobo, no tienen ningún conocimiento, ninguna espiritualidad, ninguna luz ni ninguna guía que ofrecer a las personas de cualquier sexo o cultura  que ven en la vida un sentido y un valor. No somos animales que consumimos y morimos, sino seres conscientes que hacemos un camino, un camino de madurez, de superación y, finalmente, de paz, ese “salaam” tan repetido y famoso que no es exactamente la no violencia o el pacifismo corderil sino el estado del alma sana y justa que agradece lo que recibe y da con el mismo agradecimiento por ser parte de una existencia que sí que tiene sentido y depara satisfacción infinita, como nos lo dice Quien nos creó. Nunca me canso de recordar y decir las últimas y breves aleyas de la azora La aurora, al fachr:

“Oh, tú, el alma sosegada, vuelve a tu Sustentador complaciente y complacida, entra tú entre mis devotos, entra tú al fin en Mi Jardín”.

(Azora 89, La aurora, aleyas 27 a 30).