Por Salima Abdeslam

Es hora de prestar atención a las mujeres de las que a menudo se habla, a las que se intenta limitar su libertad en aras de un falso paternalismo que tiene mucho que ver con el patriarcado, pero a las que rara vez se les da la oportunidad de hablar para poder entender su punto de vista.

Frente a un clima cada vez más hostil de islamofobia, las mujeres hiyabies han permanecido fuertes, feroces y sin cambios. Si esto no es valentía, no se entonces que es. No sólo nos estamos enfrentando a un patriarcado establecido, que afecta a todas las mujeres, sino que además, nos atacan desde el mismo frente desde el que se lucha en contra de ese patriarcado con algo que no es mucho mejor, el “paternalismo” de los que intentan “salvar del yugo impuesto por el hombre o la religión” sin ni siquiera contemplar que, ni es un yugo, ni viene de otro lado más que de nosotras mismas, nuestra decisión de vestir como queramos y nuestra libertad de tener una imagen acorde a nuestros principios.

Y sí, creo que tenemos en nuestras manos un tipo de discriminación muy especial que necesita ser tratado de manera independiente, pero no creo que debamos ser rechazadas del conjunto de reivindicaciones que, como mujeres, tenemos en común con el resto de las personas de nuestro género. Tampoco creo que las demás mujeres, no hiyabíes, deban entender que este tipo de discriminación no les afecta a ellas y, por ende, no tengan que apoyarnos. Mucho menos entiendo que haya mujeres que apoyen abiertamente una lucha contra el hiyab, creando con ello el caldo de cultivo necesario para que la discriminación tenga lugar. Por eso, me parece absolutamente execrable que se use el hashtag #8MdiaSinHiyab y que lo vendan como algo que ayuda a protegernos y a defender nuestros derechos como mujeres, cuando lo que hace es, precisamente, anular nuestra capacidad de decisión y darle argumentos a quienes nos discriminan por llevar velo. ¿Acaso este hashtag no excusa de su discriminación islamófoba a los directores de los colegios cuando le prohíben a una madre participar en un acto escolar por llevar velo? ¿Acaso no le da la necesaria defensa a un empresario cuando te despide por querer llevar hiyab en el trabajo? Me parece que defender el derecho a las mujeres a no llevar minifalda o un gran escote para poder acceder a un puesto de trabajo, no puede ser compatible con el dichoso hashtag que ahora se está poniendo tan de moda.

Hay tantas conversaciones que se están desarrollando a nuestro alrededor en este momento sobre el movimiento del 8M y la prohibición del hiyab como reacción “feminista” que es necesario escuchar a las mujeres musulmanas. Desgraciadamente rara vez reciben el espacio para ser escuchadas por encima del ruido, que parece que se ha convertido en axioma: “a la mujer musulmana hay que salvarla para que sea como las demás y así puedan formar parte de nuestra comunidad reivindicativa de derechos etiquetado como feminismo”. Esto también se produce en un momento en que las mujeres musulmanas se han convertido en los objetivos más visibles de la intolerancia antimusulmana.

Las mujeres musulmanas que son activas en las redes sociales (cada vez hay más y con las ideas más claras) a menudo son blanco de retórica islamófoba y discurso de odio. Tenemos el caso reciente de Nora Baños, que debería convertirse en un referente de la lucha que abandera el 8M y no un blanco del mismo movimiento. Si el único movimiento organizado para la defensa de la libertad y la igualdad de las mujeres, también se pone en contra nuestra ¿quién nos defiende? Además, el hashtag “sin hiyab” del 8M y toda su retórica, hace que las amenazas y el abuso cibernético de los trolls tengan una justificación “progresista” con lo que se hace cada vez más difícil para las mujeres con hiyab, encontrar espacios seguros para sí mismas en línea.

Varios estudios y estadísticas demuestran que las mujeres musulmanas son víctimas de mayor discriminación que los hombres musulmanes (un 68 por ciento frente a un 55 por ciento en este último año). También eran más propensos que los hombres musulmanes a decir que temían por su seguridad frente a grupos supremacistas blancos (47 por ciento frente a 31 por ciento). ¿No es esto justificación suficiente para hacer algo? Repito, se nos debe escuchar. Porque una de las razones por las que somos víctimas de, cada vez, más discriminación es precisamente por la gran cantidad de discursos contra el hiyab, no sólo desde la islamofobia y la intolerancia, sino desde, precisamente, los foros feministas que buscan defender a las mujeres. No podemos seguir realizando este tipo de aseveraciones sin tener en cuenta el daño que estamos haciendo, el impacto que estamos creando en la vida de millones de mujeres musulmanas que viven en sociedades supuestamente libres y plurales donde TODOS han decidido que no cabemos.

Sin embargo, las mujeres musulmanas hemos permanecido increíblemente resistentes. Según varios estudios, no somos más propensas que los hombres a cambiar nuestra apariencia para ser musulmanes menos identificables. En un mundo donde identificarse como musulmán te puede cerrar muchas puertas, NOS HEMOS MANTENIDO FIRMES. Un número mucho mayor de hombres que de mujeres han reportado haberse recortado la barba o haber cambiado de vestimenta para “ocultar” que son musulmanes a la sociedad… por MIEDO. No sólo hay un número mucho mayor de mujeres musulmanas que se han mantenido igual, otras se han revelado contra este sistema discriminatorio y han hecho, aún si cabe, más visible su condición religiosa como un alegato valiente a favor de la LIBERTAD. Incluso se ha reportado un aumento de sus donaciones a organizaciones musulmanas, participado en eventos comunitarios islámicos y visibilizado su pertenencia a la comunidad musulmana de manera activa. En resumen, hay cada vez más musulmanas orgullosas de serlo y valientes de reconocerlo públicamente a sabiendas de que eso les puede cerrar muchas puertas y ponerlas en peligro.

La mujer hiyabí de hoy, viviendo en países que se declararan estados de derecho, donde hay movimientos en favor de la igualdad entre mujeres y hombres, se mantiene firme en sus convicciones, con el hiyab llevado con orgullo, convencida de que, algún día, NADIE se creerá en el derecho de decirle como debe vestirse. Encuentro un paralelismo asombroso con una mujer, a la que obligaban a sentarse en la parte de atrás del autobús, con el resto de afroamericanos, pues este era el lugar que “debían” ocupar. Obviamente nadie pensaba que esto era por una razón discriminatoria. Quienes crearon esta norma, la segregación, pensaron que era mejor que los blancos y los negros no estuvieran juntos, para que cada uno tuviera la libertad de no mezclarse. Sin embargo, Rosa Parks, desafió la norma y se sentó en la parte de adelante del autobús, pues creía que la segregación era una injusticia. TODOS, incluidos muchos HOMBRES afroamericanos, la atacaron, vejaron, insultaron… pero ella se mantuvo firme. Rosa Parks fue, sin lugar a duda, la llama que encendió el movimiento de Derechos Civiles en los Estados Unidos y que, años más tarde, acabó con las leyes segregacionistas. ¿Acaso la valentía de Rosa Parks, hoy en día tan celebrada, no se parece a la valentía de todas las mujeres hiyabíes que luchan hoy en día contra la discriminación que sufren?

Hoy, Dia 8 de Marzo, debemos reclamar nuestro espacio. Porque no somos alienígenas, no somos un nuevo tipo de género, seguimos siendo MUJERES. Y sí, seguimos teniendo los mismos problemas que el resto de mujeres. Somos víctimas de violencia de género, somos víctimas de la desigualdad salarial, somos víctimas del patriarcado… pero por mucho que se empeñen unos y otros NO SOMOS VÍCTIMAS DE NUESTRO HIYAB, lo llevamos con orgullo y lucharemos por tener la libertad de llevarlo sin que nos puedan discriminar por ello, como por ser MUJERES.

Fuente de imagen: Hafsa Khizer